Paro cardíaco

La semana pasada un querido amigo, Carlos, tuvo un paro cardíaco luego de jugar un partido de fútbol. Fue a consecuencia de un infarto de miocardio, causado por la oclusión de una de las arterias coronarias, que son las encargadas de llevar sangre al músculo cardíaco.

Todos los miércoles por la noche, religiosamente, nos juntamos un grupo de amigos de toda la vida (la mayoría somos amigos desde que teníamos 12 o 13 años, es decir desde hace 40 años, o más). Jugamos un partido de fútbol y algunos nos quedamos a comer un asado después del partido. Casi siempre pasamos un momento super agradable, riéndonos de nosotros mismos, hablando de la vida, de política, del trabajo, del mundo del fútbol, de los amores, los hijos, los viajes y de los amigos que ya no están. En este grupo hay posiciones políticas muy antagónicas, como las de Carlos y Ernesto, otro amigo de toda la vida, y no puedo negar que a veces, lamentablemente, la famosa “grieta” ha tenido su impacto en nuestra amistad.

Carlos comenzó a sentir dolor de pecho y falta de aire durante el partido, por lo que los amigos llamaron a la ambulancia. En un primer momento todo parecía estar bien, pero apenas la ambulancia se fue del lugar volvió a tener síntomas, por lo que decidieron ir al hospital.

Pablo, gran médico cirujano y una suerte de “ángel protector” del grupo, lo subió a su auto y, junto con Ernesto, lo llevaron a la guardia del Sanatorio Allende del Cerro. Algún día quisiera escribir alguna reflexión sobre Pablo y nuestra amistad, pero hoy quiero enfocarme en otro tema.

Mientras estaban esperando en la guardia del Sanatorio, los síntomas se agravaron y posteriormente entró en paro cardíaco. Por suerte ya estaba en la guardia médica de este centro de alta complejidad y la respuesta fue inmediata y eficaz. Pudieron reanimarlo y luego llevarlo a la sala de cateterismo, donde se le colocó un stent en la arteria coronaria “descendente anterior”, que es una de las más peligrosas cuando se ocluye. Tuvieron que intubarlo para darle respiración asistida y luego trasladarlo a la Unidad Coronaria. Al día siguiente, Carlos daba indudables muestras de estar bien, respondiendo muy favorablemente cuando le reducían la medicación sedante, por lo que pudo ser extubado en menos de 24 hs, una verdadera proeza médica.

Es muy probable que Carlos se recupere completamente y pueda retomar su vida normal en un tiempo. Felicitaciones al equipo del Sanatorio Allende del Cerro por el excelente trabajo. Gracias Pablo, por estar ahí cuando te necesitamos, como siempre.

En medio de la vorágine de mensajes y partes médicos, uno de nuestros amigos me preguntó: “¿Cuál es tu opinión sobre el pronóstico de Carlos?”. Le contesté rápidamente que, considerando las circunstancias, es excelente. Muy distinto hubiera sido si hacía el paro en la cancha de fútbol, cuando comenzaron los síntomas.

Los datos estadísticos muestran que el paro cardíaco extrahospitalario tiene una mortalidad aproximada de un 90%. Incluso hay registros que hablan de una supervivencia de entre un 5-10%. La sobrevida sin déficits neurológicos significativos, es decir con una función neurológica normal, va del 3 al 7% del total de paros cardíacos extrahospitalarios en los sistemas de salud de los países desarrollados.   En lo que hace a los paros cardíacos intrahospitalarios, los registros muestran que la mortalidad es también muy alta, pudiendo llegar a un 75-85%. Dicho de otro modo, la supervivencia alta en grandes series modernas está en el orden del 15-25% (sólo 1 de cada 4-6 personas que hacen un paro cardíaco intrahospitalario va a sobrevivir).   Teniendo en cuenta todos los paros intrahospitalarios, entre un 15-20% de los pacientes van a tener una buena función neurológica al recibir el alta. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en el grupo de buena función neurológica se incluyen también los pacientes que pueden retomar sus actividades diarias con cierta autonomía, a pesar de tener síntomas como pérdida de memoria o debilidad. Pero si consideramos aquellos pacientes que no solamente sobreviven, sino que se recuperan completamente y sin síntomas neurológicos, los números son inferiores: solo 1 de cada 15-30 personas que tienen un paro cardíaco en la calle y 1 de cada 5-10 personas que tienen un paro en el hospital tendrán recuperación completa y sin déficits neurológicos.

¿Qué podemos hacer para mejorar las chances de sobrevivir a un paro cardíaco?

 

En primer lugar, aprender a hacer reanimación cardiopulmonar (RCP). Este escrito no pretende cumplir con ese objetivo; hay muchos cursos disponibles en los centros médicos y valen la pena, realmente. No hace falta ser médico ni hacer un curso largo y complejo. Es algo que todos deberíamos aprender, incluso en el colegio. 
Hay que tener en cuenta que no hace falta hacer ventilación “boca a boca”. La consigna es hacer compresiones torácicas fuertes y rápidas en el centro del pecho a un ritmo de 100-120 por minuto. Parece ser que la canción “Stayin’ Alive” de los Bee Gees tiene el ritmo perfecto para hacer correctamente la reanimación cardiopulmonar. Creo que es posible aprender a hacer RCP cantando esa canción y quizás, llegado el momento, de algo sirva. 

Iniciar la RCP duplica o triplica la chance de supervivencia. El objetivo es ganar tiempo hasta que llegue la ayuda profesional. 

En segundo lugar, saber reconocer un paro cardíaco rápidamente. Las señales de alarma son simples: ante una persona que se desplomó súbitamente y permanece sin respuesta, que no respira, o que tiene una respiración agónica, debemos actuar de inmediato. Si hay duda, actuar como un paro. No hacer nada es peor que equivocarse. Mientras alguien inicia RCP, otra persona debe llamar al servicio de emergencia (911 o el número de emergencia local). Tener en cuenta que los operadores están entrenados para guiar la RCP en tiempo real. Si se encuentran en un lugar donde hay un desfibrilador DEA (Desfibrilador Externo Automático), hay que usarlo. Si el paro sucede en un shopping mall, un gimnasio, un estadio, un aeropuerto, etc., muy probablemente haya un DEA cerca. Son muy fáciles de usar y tienen un sistema de instrucciones en voz alta. Cada minuto que pasa sin desfibrilar disminuye la chance de sobrevivir en un 7-10 %. No hay que tener miedo de usar los DEA. Están diseñados para que cualquiera pueda salvar una vida. 

 

Prevención: la importancia de conocer nuestra salud cardíaca

Muchos paros son provocados por causas prevenibles. La hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado, el tabaquismo y el sedentarismo son factores de riesgo importantísimos en las enfermedades cardiovasculares y mantener esos factores de riesgo bajo control tiene un impacto enorme en las chances de sufrir un paro cardíaco. Los controles médicos periódicos son la base de la prevención.
 
Espero que lo que escribo le sirva a alguien para pensar en la importancia de mantener una buena salud y, sobre todo, la relevancia de disfrutar de las cosas simples de la vida.

En momentos así, las diferencias de todo tipo, incluso las políticas, quedan en un segundo plano, y lo que prevalece es lo que verdaderamente importa. Afortunadamente nuestro amigo, quien estuvo literalmente al borde de la muerte, pronto estará de nuevo con nosotros haciéndonos reír con su chispa y su entrañable personalidad, algo que, a priori, era muy poco probable.

Una respuesta

  1. Una de las preguntas que me llegaron en relación con este artículo es: “¿Cómo nos damos cuenta de que un determinado dolor de pecho puede ser un infarto?, es decir, ¿cómo lo reconocemos?”.
    Si bien esto no es un tratado de Semiologia Medica, podemos decir que un dolor de pecho puede ser un infarto cuando aparece como una opresión o presión en el centro del pecho, que dura varios minutos y no cede con el reposo. Muchas personas lo describen como “un peso” y puede irradiarse al brazo izquierdo, al cuello, la mandíbula, la espalda o la boca del estómago. Suele acompañarse de falta de aire, sudor frío, náuseas, mareos y también de ansiedad intensa o una sensación de “muerte inminente”.
    No siempre el infarto se presenta de forma típica. En mujeres, personas mayores o personas con diabetes, puede manifestarse solo como cansancio extremo, ardor, falta de aire o malestar general, sin un dolor claro en el pecho.
    En cambio, es menos probable que sea un infarto si el dolor es muy localizado, dura segundos o empeora al mover el cuerpo o al tocar la zona.
    Aun así, ante la duda, no hay que esperar: consultar de urgencia puede salvar la vida. El tiempo es clave cuando se trata del corazón.

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