Sobre Estanislao Bachrach, comunicador de ciencia

Allá por el año 2014, o tal vez 2015, iba caminando por la calle Buenos Aires, en Nueva Córdoba, y en la vidriera de una librería vi dos libros que me llamaron la atención: “Qué es el sueño”, del Dr. Daniel Cardinali, y “Ágilmente”, de Estanislao Bachrach. Los compré y los leí en unos días, dado que ambos son relativamente cortos y de fácil lectura. Quedé fascinado con los dos, pero particularmente con Ágilmente. Al tiempo salió “En cambio”, de Bachrach, que me resultó bastante pesado, aunque tenía algunas cosas interesantes; y luego “Random”, la novela en la cual Estanislao combina ficción, autobiografía y divulgación científica. El protagonista atraviesa una crisis personal y profesional (como la que él realmente padeció en algún momento), que lo lleva a replantearse sus decisiones, sus emociones y el sentido de la vida, mientras se apoya en conceptos de neurociencia, azar y plasticidad cerebral. A lo largo del relato, explora cómo pequeños eventos aparentemente casuales pueden producir cambios profundos, y cómo el cerebro construye nuestra percepción de la realidad, el amor, el miedo y la felicidad. Es una historia introspectiva, ágil y accesible, que invita a reflexionar sobre cuánto control tenemos realmente sobre nuestras elecciones y cuánto dejamos en manos del “random”. Me gustó mucho el libro y lo recomiendo a quienes les interese el tema.

Justo en esos días vino Estanislao a Córdoba a hacer una especie de “show de neurociencia”. Como yo estaba muy entusiasmado con sus libros, invité a mi familia y a algunos amigos a ver su espectáculo en La Vieja Usina, y llevé a mi abuela, Mechi, que en ese momento tenía 90 años y una lucidez extraordinaria. La verdad es que la actuación de Estanislao fue impactante: manejó el escenario con mucha destreza e hizo una presentación audiovisual súper profesional, dinámica y entretenida. Tenía una gran teatralidad y todo el espectáculo fue de gran calidad. Al final, hubo espacio para un mini debate, con preguntas y respuestas del público sentado en las gradas. Parece imposible hacer algo así con un tema como la neurociencia, pero, por lo menos para mí, fue muy entretenido.

En mi opinión, Estanislao Bachrach es un excelente comunicador de la ciencia. Tiene mucha presencia en los medios y a veces su mensaje puede sonar un poco repetitivo, pero aun así lo respeto mucho porque creo que hace un gran trabajo. Si bien ya no se dedica a la investigación científica de manera directa, en su juventud fue un investigador destacado. Se recibió de biólogo en la UBA, luego hizo un doctorado en la Universidad de Montpellier y un posdoctorado en el Hospital Infantil de Boston, especializándose en biología molecular y genética aplicadas a la innovación en salud. Vivió diez años en el exterior, publicó varios artículos científicos y recibió múltiples reconocimientos por su labor docente en Harvard. Después de esa crisis personal que mencioné antes, volvió a la Argentina, completó un MBA Ejecutivo y desde entonces se dedica a “comunicar ciencia”, entre muchas otras actividades relacionadas. Actualmente enseña Biotecnología, Innovación y Emprendimiento en grado y posgrado, codirige programas académicos con Harvard y Columbia, trabaja como consultor para empresas y organismos públicos, fue distinguido como mejor profesor en Di Tella y se desempeña como profesor visitante en distintos países de América Latina.

En esta entrevista, Estanislao Bachrach conversa sobre cómo entrenar una forma de vivir menos reactiva y más consciente, aplicando ideas de neurociencia y herramientas prácticas. Explica por qué el cerebro se resiste al cambio (una tendencia evolutiva a ahorrar energía mediante hábitos) y propone empezar por “darse cuenta”: observar pensamientos automáticos, reconocer “fantasmas” (anticipaciones y catastrofismos) y elegir estratégicamente qué batallas vale la pena pelear (tráfico, llegar tarde, vínculos, trabajo). También aborda la regulación emocional: pasar de reaccionar a responder, usar la curiosidad cuando algo “te gatilla”, y resalta el autoconocimiento como base para administrar emociones (en algunas personas el enojo potencia el rendimiento y en otras lo arruina). Introduce el papel del cuerpo como vía de cambio (postura, sonrisa, señales corporales) y recomienda prácticas como la respiración nasal (inhalar/exhalar lento; incluso con pausas tipo “cuadrado”) para mejorar la energía y calmar la mente, además de bajar la hiperconexión con el celular, por salud y por el ejemplo a los hijos. Vincula estas ideas con el deporte (estar en el presente, recuperar foco rápido tras errores) y cierra con dos conceptos: la “inteligencia del cambio” (reformular pensamientos para modificar el cerebro) y la visualización efectiva como “entrenamiento invisible” que activa circuitos similares a la práctica real.

Les dejo el link a la entrevista en YouTube, por si les interesa, acá.

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