Esta semana tuve que hacer unos trámites en Buenos Aires junto con mi esposa y aprovechamos para visitar la experiencia de realidad virtual del Museo del Prado, montada en la feria de La Rural. Quedé fascinado con la actividad (aunque un poco mareado al final), pero la recomiendo muchísimo, realmente vale la pena.
La visita gira en torno a cinco grandes obras: El aquelarre, de Goya; Venus y Adonis, de Veronese; La vista, de Brueghel y Rubens; Las meninas, de Velázquez; y El jardín de las delicias, del Bosco
La experiencia de “caminar” por el museo como si uno estuviera ahí, atravesando la ambientación de cada obra, enriquece muchísimo la apreciación del talento de estos artistas. Al principio parece un simple paseo por los rincones del museo, pero de pronto el entorno se transforma y uno empieza a internarse en el universo particular de cada cuadro.
Se camina por el mundo inquietante de Goya, el clima mitológico de Veronese, la admirable y complejísima obra de Brueghel y Rubens, el enigma fascinante de Velázquez y, finalmente, la genialidad desbordante del Bosco, que se vive casi como una fiesta electrónica.
Es una experiencia intelectual, emocional y física. Pura estimulación cerebral.
Inmediatamente me acordé de este video en el que Nazareth Castellanos hace un análisis de Las meninas y de Velázquez desde la mirada de la neurociencia.
Nazareth Castellanos es física teórica, neurocientífica y divulgadora española, con una formación científica marcadamente interdisciplinaria. Se licenció en Física Teórica en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y posteriormente se doctoró en Medicina en la misma universidad, con una tesis centrada en el desarrollo y aplicación de métodos matemáticos para analizar la conectividad funcional cerebral a partir de señales neurofisiológicas. Completó además formación de posgrado en Matemáticas Aplicadas a la Biología y en Neurociencias, consolidando un perfil que integra física, matemáticas y ciencias biomédicas.
Su trayectoria académica y de investigación incluye trabajo docente y científico en el Hospital Clínico San Carlos, la Universidad Complutense de Madrid y el Centro de Tecnología Biomédica de la Universidad Politécnica de Madrid, en entornos dedicados a la neurociencia cognitiva y computacional. A nivel internacional, realizó estancias de investigación en el Instituto Max Planck de Investigaciones Cerebrales en Frankfurt y en el Instituto de Psiquiatría del King’sCollege de Londres.
Su investigación se ha centrado en el estudio de las redes cerebrales, su dinámica y reorganización en contextos de lesión neurológica y enfermedades neurodegenerativas, así como en el análisis de la interacción entre el cerebro y otros sistemas corporales —como el corazón, el intestino y los pulmones— desde una perspectiva neurofisiológica y sistémica. En los últimos años, ha incorporado el estudio de la meditación, la respiración y los estilos de vida como moduladores de la actividad cerebral y la regulación emocional. Desde 2022 ocupa la cátedra extraordinaria de mindfulness y ciencias cognitivas en la Universidad Complutense de Madrid y dirige el área de investigación del laboratorio Nirakara.
En este video, la encantadora Nazareth Castellanos propone un cruce fascinante entre arte y cerebro tomando a Velázquez como ejemplo, nada menos que frente a Las Meninas en el Museo del Prado.
Una de las ideas principales es que el talento no depende solo de la genética. La epigenética -lo que hacemos, practicamos y vivimos- puede moldear profundamente el cerebro. Aprender arte, como hizo Velázquez con su maestro, implica una verdadera sincronización cerebral entre quien enseña y quien aprende. El cerebro no nace terminado: se construye.
El cerebro de Velázquez no fue algo fijo ni dado de una vez. Se fue modelando con el aprendizaje, los viajes y la experiencia, como ocurre en todos nosotros. Su pintura es el resultado de un entrenamiento prolongado del cerebro.
Nazareth describe la pintura como un circuito integrado de ojos, mirada, corazón y mano, donde percepción, emoción y acción se coordinan con una precisión extraordinaria. Velázquez observa y pinta en un ida y vuelta continuo entre lo que ve y lo que traza. Esta capacidad no es exclusiva del arte: se desarrolla con la práctica y ha sido estudiada incluso para comprender la precisión que necesitan los neurocirujanos.
En Las Meninas se ve con claridad cómo funciona la atención: una figura aparece nítida mientras el resto queda en segundo plano. También su postura corporal, erguida y expandida, favorecía los recursos neuronales de la percepción. Todo nuestro cuerpo está representado en la corteza cerebral, en la región que se llama “corteza somatosensorial”, y que a su vez influye directamente en cómo percibimos y actuamos. En ese circuito, la mirada pasa por el corazón: cada latido acompaña el rastreo visual. Me gusta imaginar a Velázquez pintando con el cuerpo entero, con el cerebro y, sobre todo, con el corazón.
El ojo, que es la parte visible del cerebro, se entrenó de forma excepcional a lo largo de su vida. Y hay una región clave: el giro fusiforme, especializada en el reconocimiento de rostros. Velázquez tenía una capacidad extraordinaria para descifrar caras y asociarlas a emociones. A través de sus retratos, no solo vemos una cara: sentimos quién es la persona que hay detrás. Nazareth se pregunta, con admiración genuina, cómo habría sido el giro fusiforme de Velázquez si pudiéramos observarlo y analizarlo hoy.
Mientras pintaba, se activaban distintas redes cerebrales: las asociadas a la creatividad y la innovación, las relacionadas con la apreciación estética y, de manera muy especial, la red neuronal por defecto. Esta red se activa cuando la mente divaga, imagina o sueña despierta. Lejos de ser pasiva, mezcla memoria, cultura y experiencia para generar algo nuevo. La creatividad, así entendida, no es un privilegio artístico: es una función cotidiana del cerebro. Todos la ejercitamos a diario, cada vez que imaginamos, resolvemos o simplemente empezamos un nuevo día.
Un punto especialmente llamativo es que puede existir sincronización cerebral incluso a través de pantallas, lo que subraya la responsabilidad de quienes comunican contenidos y la importancia de un consumo consciente de medios digitales.
El video también promociona una serie de conferencias dirigidas por Castellanos en el Museo del Prado, titulada “Retrato de un cerebro: los artistas, de las neuronas a la creatividad”, disponibles en el canal de YouTube del museo.
Una invitación potente a pensar el cerebro como un órgano dinámico, creativo y profundamente influido por lo que hacemos, aprendemos y consumimos cada día.